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Un estudio sostiene que las tasas actuales podrían superar los niveles seguros de cambio.
El oxígeno está desapareciendo progresivamente de los océanos y de otros ecosistemas acuáticos por efecto de la actividad humana. El proceso avanza con tal rapidez y está conectado con tantos desequilibrios ambientales que podría estar empujando al planeta hacia un espacio "inseguro", con consecuencias difíciles de revertir en escalas temporales humanas.
Así lo advierte una revisión científica liderada por investigadores de la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego (UC San Diego), que propone incorporar la pérdida de oxígeno disuelto en el agua como un nuevo límite planetario. El trabajo, publicado en la revista Limnology and Oceanography , analiza las relaciones entre la llamada desoxigenación acuática y los nueve procesos que integran este marco científico.
Los autores consideran que la pérdida de oxígeno es una amenaza global que afecta al océano abierto, las costas, los lagos, los ríos y los arroyos, e interfiere con procesos esenciales para el funcionamiento y la estabilidad del planeta. "La salud y la estabilidad de nuestro planeta dependen de la salud y la estabilidad de los ecosistemas acuáticos, que necesitan oxígeno para funcionar normalmente", explica la autora principal, Erica Ferrer, investigadora posdoctoral en el Centro Nacional de Análisis y Síntesis Ecológicos de la Universidad de California en Santa Bárbara.
El estudio sostiene que las tasas actuales de pérdida global de oxígeno ya superan lo que la mayoría consideraría unos niveles seguros de cambio , aunque todavía no se haya establecido un umbral cuantitativo único que permita determinar exactamente cuándo se cruza este nuevo límite planetario.
Un 2% menos de oxígeno en el océano
La desoxigenación acuática se define como la disminución moderna y causada por el ser humano del oxígeno disuelto medio en los ecosistemas marinos y de agua dulce. Los científicos distinguen este proceso de aquellos lugares que presentan naturalmente poco oxígeno y cuyos organismos llevan miles de años adaptados a esas condiciones.
En el conjunto del océano, la concentración de oxígeno ha disminuido de media alrededor de un 2% durante los últimos 50 años. Las pérdidas han sido pronunciadas en aguas intermedias, alrededor de los polos, en el Atlántico suroriental, el Índico y algunas áreas del Pacífico norte y ecuatorial.
Además, más de 200 zonas acuáticas sufren ya condiciones persistentes de hipoxia, definida como una concentración inferior a dos miligramos de oxígeno por litro. En los ríos, el descenso se ha estimado entre un 1% y un 1,5% por década, mientras que determinados lagos templados, tanto profundos como poco profundos, han registrado reducciones de entre el 1,5% y el 5% por década.
Entre las causas principales se encuentran el calentamiento global, el vertido excesivo de nutrientes y los cambios en la mezcla y ventilación de las masas de agua. Cuando aumenta la temperatura, disminuye la cantidad de oxígeno que puede disolverse en el agua. Al mismo tiempo, una mayor estratificación dificulta que el oxígeno de la superficie llegue a las capas interiores.
Los océanos y otros cuerpos de agua han absorbido más del 90% del exceso de calor atrapado en la atmósfera por los gases de efecto invernadero desde la Revolución Industrial. Aproximadamente la mitad de la pérdida de oxígeno registrada en los primeros 1.000 metros del océano puede atribuirse a los cambios de temperatura que reducen su solubilidad.
Fertilizantes, algas y zonas muertas
La contaminación por nitrógeno y fósforo constituye otro de los grandes motores del problema. Estos nutrientes, procedentes en buena medida de fertilizantes agrícolas, aguas residuales y escorrentías terrestres, favorecen el crecimiento excesivo de algas y otros organismos. Cuando esa materia orgánica se descompone, los microorganismos consumen grandes cantidades de oxígeno . El resultado puede ser la aparición de zonas hipóxicas o incluso anóxicas, conocidas popularmente como "zonas muertas", en las que la mayoría de los animales no puede sobrevivir.
La pérdida de oxígeno amenaza a organismos de prácticamente todos los niveles de la cadena alimentaria . Puede provocar mortandades masivas de peces, pero también efectos menos visibles sobre el crecimiento, la reproducción, la orientación, la visión o la resistencia a las enfermedades de especies como el zooplancton, los moluscos, los crustáceos, los corales, los cefalópodos y los peces.
Incluso pequeñas disminuciones pueden alterar la composición de los ecosistemas. A medida que baja el oxígeno, se reduce la diversidad y tienden a imponerse unas pocas especies capaces de soportar condiciones extremas. El registro geológico vincula además al menos dos grandes extinciones del pasado con periodos de poco oxígeno oceánico o de fuertes variaciones en su concentración.